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    Nunca es tarde para volver al aula

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    Luego de tu carrera , ¿que eligirias?

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    Nunca es tarde para volver al aula

    Mensaje  Admin el Lun Ago 09, 2010 11:37 am

    Muchos profesionales buscan un segundo título universitario, con menos presión, pero igual compromiso

    Silvina Premat
    LA NACION
    Son profesionales y viven bien de lo suyo. Sin embargo, en un determinado momento decidieron volver a la universidad y estudiar otra cosa, recibirse y pasar a mantenerse con los ingresos de su nueva profesión.
    La figura del profesional "reciclado" es muy frecuente en las aulas universitarias. Pero, contrariamente a lo que se piensa, no estudian por hobby o para matar el tiempo. Lo hacen, según dijeron algunos de ellos a La Nacion, para satisfacer un deseo postergado o una necesidad que surgió a raíz del ejercicio de la primera carrera. El pasaje se registra, con mayor frecuencia, desde las ciencias duras hasta las más blandas.
    Así lo afirma, por ejemplo, el decano de la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales de la UCES, Eduardo Said, quien vivió esta particular experiencia. Se graduó como contador a los 21 años, en 1966, y trabajó como tal hasta principios de los 80, cuando se dedicó de lleno a su segunda carrera, la psicología. "En la elección de las segundas carreras, sobre todo en las humanísticas, se sigue más lo que se desea y no tanto un mandato de los padres o de la sociedad que pudo haber estado explícito e implícito en el momento de la elección de la primera carrera", dijo Said.
    Ernesto N. estudió odontología, se especializó en el exterior y trabaja en una clínica privada. Pero en los próximos años dejará el consultorio para atender en un estudio jurídico a sus colegas y otros profesionales de la salud. Después de haber sufrido una denuncia por mala praxis ?de la que salió sobreseído? decidió estudiar derecho. "La experiencia profesional está regida por normas y leyes que no siempre se cumplen. Falta un acompañamiento desde lo legal porque, de otra forma, uno termina sintiéndose desprotegido", contó Ernesto, de 48 años.
    "Vivo de la odontología, por lo que la motivación para estudiar derecho no es estrictamente económica. Quiero dar otro tipo de servicio a los profesionales de la salud", dijo. Si bien comenzó el año pasado y ya aprobó seis materias, dijo: "No es fácil; tengo tres hijos y trato de poner todo el empeño también en el estudio. Pero estoy tranquilo porque no tengo que rendir cuentas a mis padres, por ejemplo, y tengo el apoyo de la familia. La mayor dificultad es congeniar los horarios. En estos meses decidí trabajar un poco menos y ganar un poco menos, para poder tener más tiempo para estudiar".
    Como psicoanalista, Said explicó: "Generalmente, la segunda carrera se encara con mucha más reflexión y conciencia de estar construyendo uno el propio destino. Se juegan todas las cartas con mayor facilidad".
    Es lo que cuenta Juan D?Ambrossio, ingeniero químico, director y gerente de planta de Lanxess S.A. Cuando había comenzado a trabajar como ingeniero, Juan se planteó la posibilidad de estudiar filosofía, pero no lo pudo hacer. Hace cuatro años, cuando ya sus cuatro hijos eran jóvenes, volvió a intentarlo y, de a poco, lo está consiguiendo. Desde 2006, cursa dos o tres veces por semana en la sede de la Universidad Santo Tomás de Aquino en San Telmo, adonde llega desde su casa, en Zárate. "Más que el estudio en sí, me cuesta el viaje. Tengo 58 años y doce materias aprobadas; a este ritmo me recibiré a los 70, pero no me hago problema porque me gustaría dar clases particulares", dijo Juan, quien muchas veces estudia con su hija menor, que está en el CBC de la UBA. Respecto a la relación con los docentes y sus compañeros más jóvenes, coincidió con otros adultos: "Se supone que un profesional que cursa una segunda carrera lo hace como un pasatiempo y no por verdadero interés. Nada más equivocado que eso".
    Diferente es la experiencia de Alicia Dios, de 48 años, bioquímica y próxima a graduarse como licenciada en artes en la UBA. "Fui haciendo esta segunda carrera, acomodando mis tiempos de estudio al de mis hijas y mi trabajo. No podía quedarme encerrada a estudiar los fines de semana porque debía coordinar con las actividades familiares", contó Alicia, que se desempeña como bioquímica en un hospital público desde que se graduó, en 1986, y es madre de dos hijas, de 22 y 17 años. "La fui encarando con más conciencia; no como hobby, pero tampoco con esa presión que se tiene durante la primera carrera, de tener que estudiar, recibirse, conseguir un trabajo. Al tomarlo de una forma más relajada, lo disfruté mucho más", contó. Y agregó: "Tener otro título me ayudó en mi profesión porque, si bien son dos áreas muy diferentes, te aporta una amplitud de criterios para encarar el trabajo cotidiano y en la relación con el otro".
    Aurelio Hernández, un químico que se dedicó a la docencia universitaria de esa disciplina, pudo concretar un viejo anhelo a los 76 años. Ya jubilado, vio la publicidad de un programa de becas en la universidad y se presentó. Dio el examen y su nombre figuró entre los 40 que lo aprobaron con mejor promedio. Hoy, con 82 años, está dando los últimos retoques a la tesis de la licenciatura en filosofía que dedicó al problema del tiempo. Aprobó todas las materias con una nota promedio de 9.50. "Quise estudiar porque sentía un déficit en el conocimiento del pueblo griego", dijo.
    PRESENCIA CRECIENTE EN LAS UNIVERSIDADES

    * La presencia de estudiantes adultos en las aulas universitarias del país viene registrándose desde hace algunos años. Según los últimos datos disponibles en el Ministerio de Educación, los estudiantes mayores de 30 años representan el 16,2% en las universidades estatales y el 18,5% en las privadas, aunque en algunas instituciones superan largamente esa cifra: Maimónides (71,2%), Nacional de Lanús (46,2%), Nacional de Quilmes (43,6%) y Kennedy (39%), entre otras. Muchos adultos regresan a completar carreras inconclusas; algunos tienen títulos terciarios y buscan el grado universitario, y otros optan por su segunda carrera.

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